“Cualquiera puede enojarse: eso es fácil. Pero enojarse con la persona adecuada, en el momento adecuado, por la razón adecuada y de la manera adecuada… eso no está al alcance de cualquiera y no es nada fácil.”
— Aristóteles
La ira suele ser considerada una emoción difícil, a veces indeseable. Sin embargo, en el campo de la arteterapia se la entiende como una fuerza que, bien canalizada, puede revelar verdades profundas sobre nosotros mismos, nuestros límites y nuestros vínculos.
Ira como Lenguaje
Tradicionalmente, se nos enseña a controlar o reprimir la ira. Pero ¿qué ocurre cuando la atrapamos y no la escuchamos? La arteterapia propone una alternativa: no suprimir la emoción, sino transformarla en proceso creativo.
A través de la obra, emerge un lenguaje simbólico que nos permite mirar lo que sentimos sin ser dominados por ello.
Ejercicios prácticos para conectar con la ira
Aquí algunos ejercicios inspirados en prácticas arteterapéuticas:
Modelar la ira con arcilla:
Tomar arcilla y crear una figura u objeto que represente la ira.
Pregúntarse: ¿Qué intenta proteger o qué teme esta forma?
Reflexión: ¿Qué se descubrió sobre el origen de esa emoción?
Dibujo de energía:
Sin pensar demasiado, dibujar líneas, trazos o manchas que expresen cómo se siente la ira en el cuerpo.
Luego observar: ¿Predominan ángulos agudos, colores oscuros, movimientos ascendentes o descendentes? La forma habla.
Cartas de emoción:
En un papel escribir la palabra IRA y ponerla frente a ti.
Gira el papel: ese gesto físico simboliza dar vuelta a la emoción para observarla desde otra perspectiva.
Conectar con el cuerpo y la atención
El arte no solo acontece en la mente: lo que elegimos, cómo movemos la mano, qué material nos atrae o repele nos habla de la relación entre emoción y corporalidad. Este diálogo sensorial es terapéutico en sí mismo y permite comprender la ira sin juicios.
El proceso creativo ofrece un espacio seguro para entender, nombrar y transformar la ira. Este enfoque no ignora la emoción; la respeta y le da forma. Crear, entonces, es escuchar de una manera que las palabras no siempre permiten.
