El rol del artista en contextos humanitarios: acompañar, no salvar

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En contextos de crisis —conflictos armados, desplazamientos forzados, desastres naturales— el arte suele aparecer como una promesa: un lenguaje capaz de tocar lo que las palabras no alcanzan, un gesto de humanidad frente a lo insoportable. Sin embargo, cuando el arte entra en territorios heridos, no basta con la buena intención. El rol del artista exige una revisión profunda de sus motivaciones, límites y responsabilidades.

La guía Creative Care: A Resource for Artists Working in Humanitarian Contexts propone una idea central que atraviesa todo el documento: el artista no llega a salvar, llega a acompañar

Esta distinción, aparentemente sutil, marca una diferencia ética fundamental.


El peligro del “artista héroe”

Una de las alertas más claras de Creative Care es el riesgo del llamado hero artist:
el artista que, desde una posición de poder simbólico, llega a un contexto humanitario con la expectativa —explícita o implícita— de “sanar”, “rescatar” o “dar voz” a otros.

Este enfoque es problemático por varias razones:

  • Refuerza asimetrías de poder entre quien interviene y la comunidad.

  • Coloca el foco en el artista y su obra, no en las personas ni en el proceso.

  • Puede generar daño emocional, incluso cuando la experiencia se percibe como “artística” o “bien intencionada”.

  • Corre el riesgo de convertir el dolor ajeno en materia simbólica sin consentimiento ni cuidado.

La guía insiste en que el bienestar de los participantes debe estar siempre por encima de cualquier objetivo artístico. El arte no puede imponerse como solución ni convertirse en una forma sofisticada de extracción emocional o cultural.

En contextos de alta vulnerabilidad, incluso una actividad creativa puede reactivar memorias traumáticas si no está cuidadosamente diseñada y acompañada.

Creative Care: A Resource for Artists Working in Humanitarian Contexts

Acompañamiento, escucha y presencia

Frente a la figura del artista salvador, Creative Care propone otro rol:
el del artista como presencia cuidadosa, como alguien que sostiene un espacio seguro sin dirigir los procesos internos de los participantes.

Acompañar implica:

  • Escuchar más de lo que se produce.

  • Reconocer que el silencio, la pausa y la observación también son actos creativos.

  • Permitir que las personas decidan cómo, cuándo y cuánto participar.

  • Entender que no todo debe convertirse en relato, imagen u objeto.

La escucha activa —verbal y no verbal— aparece como una de las herramientas más potentes del artista en estos contextos. Antes de cualquier ejercicio, técnica o material, el artista ofrece algo esencial: atención genuina. Esa atención crea un “contenedor” emocional donde la expresión puede ocurrir sin presión ni expectativa de resultado.

Desde esta perspectiva, el arte no “cura” en un sentido clínico, pero sí puede acompañar procesos de regulación emocional, conexión social y reconstrucción simbólica, siempre que se respeten los límites del rol artístico.

Trabajar con aliados locales: ética de la colaboración

Otro principio clave de la guía es que el artista nunca debe trabajar solo en contextos humanitarios. La colaboración con organizaciones locales, líderes comunitarios y profesionales en salud mental no es opcional: es una condición ética.

Los aliados locales cumplen funciones fundamentales:

  • Aportan conocimiento del contexto cultural, histórico y social.

  • Ayudan a definir qué prácticas son apropiadas y cuáles no.

  • Establecen rutas de apoyo y derivación si surgen necesidades emocionales más profundas.

  • Garantizan continuidad y sostenibilidad más allá de la presencia puntual del artista.

Trabajar con aliados locales también implica ceder control, compartir decisiones y aceptar que el proceso no gire en torno a la visión personal del artista. La guía es clara al señalar que el arte en contextos humanitarios debe construirse desde la mutualidad, no desde la autoría individual.

Red Noses Turkey ©Red Noses Clowndocotors International

Acompañar es un acto político y ético

Acompañar, en lugar de salvar, no es una postura pasiva. Es una decisión profundamente política y ética. Supone reconocer la dignidad, la agencia y el conocimiento previo de las comunidades, así como los propios límites del arte.

Creative Care nos recuerda que el artista puede contribuir de manera significativa al bienestar psicosocial sin convertirse en terapeuta, sin prometer sanación y sin ocupar un lugar que no le corresponde. Su fuerza está en crear espacios suficientemente seguros, donde la experiencia estética se ponga al servicio del cuidado, no del protagonismo.

En tiempos donde el arte corre el riesgo de ser instrumentalizado o romantizado frente al dolor, esta guía propone una práctica más humilde, más lenta y, precisamente por eso, más humana.

Este artículo es una lectura comentada basada en Creative Care: A Resource for Artists Working in Humanitarian Contexts (Sajnani et al., 2025), publicada por Jameel Arts & Health Lab. La publicación original puede descargarse gratuitamente desde su sitio oficial.

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